Este reportaje es parte de una iniciativa de colaboración entre el Centro de Reporte Investigativo del Medio Oeste y la Red USA TODAY y es apoyado por el Centro Pulitzer para el reporte de crisis.
Un día de junio, el teléfono de María Romero sonó, al contestar escuchó la aterradora respiración entrecortada de su madre.
La trabajadora de la planta avícola de Arkansas, de 59 años, con un susurro débil le dijo a su hija que había sido llevada de urgencia a la sala de emergencias, donde le diagnosticaron COVID-19. María Romero apenas podía entender las palabras, pero sabía que su madre se encontraba asustada y confundida.
“Ella sabía que algo andaba mal, pero no sabía qué estaba pasando,'' dijo Romero, de 36 años. “Podía percibir que estaba asustada.”
La madre de María Romero, quien pidió proteger su identidad por temor a perder su trabajo, se encuentra entre al menos 4,627 trabajadores avícolas de Arkansas que han sido infectados por el nuevo coronavirus desde el inicio de la pandemia.
Más de la mitad de ellos, como la madre de María Romero, son Hispanos.
Los estadounidenses dependen de trabajadores con salarios bajos para producir un suministro constante de carne de res, cerdo y aves. Pero a medida que el coronavirus arrasa con las plantas empacadoras de carne en todo el país, las minorías como ella han sufrido de manera desproporcionada la peor parte de la propagación de la enfermedad.